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Απελπισμένοι Μεμορίας

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Απελπισμένοι Μεμορίας

Mensaje por Luxx A. Afrodakis el Lun Jul 09, 2012 3:37 am

Por primera vez en mis dos años de estancia en Helsinki me decidí por irme hacía el campo. Necesitaba desintoxicarme, alejarme de los lugares que tanto daño me estaban haciendo últimamente. Poco me importo el echo de que había faltado al trabajo a propósito. En realidad nada me importaba. Era la necesidad de salir de los ruidos de la capital finlandesa y escapar hacía la tranquilidad que ameritaba estar a kilómetros de distancia. No dudé en llenar el tanque de mi coche y conducir, escuchando la canción de jazz que en ese momento pasaban por la radio que había sintonizado. No dudé, después, en cantar a Frank Sinatra con todo lo que pudiera dar mis pulmones. No dude en nada. Quería hacer todo lo posible para poder desconectarme de la maldita tierra. Quería volar. Un deseo que solo podían tener los húmanos y los pajarillos enfermos. Mi cabello se encuentra totalmente despeinado debido a la veces que he pasado mis dedos por el. Mis ojos denotan el cansacio de unos meses agotadores y de unas luchas internas que pronto se exteriorizarían de la peor manera. Y esa era otra de las razones por las cuales necesitaba irme. Quería desahogarme, quería... muchas cosas en realidad.

En estos momentos me encuentro tirada en el medio del césped, déjandome bañar con toda la vitamina que el sol pudiera darme. Mi respiración es acompasada, sintiendo como el aire fresco del campo inunda mis fosas nasales, limpiando mis pulmones de las tóxicas sustancias que podía inhalar en Helsinki. Puedo escuchar el trinar de los pájaros, el ruido de los árboles al moverse. Puedo sentir el césped y la tierra bajo mis pies descalzos, en una sensación que supera cualquier otra acción relajante... En este momento puedo desconectar mi cerebro y dejar que todas las sensaciones y sentimientos que tengo guardadas bajo siete llaves puedan fluir por cada fibra de mi ser. Una risa repentina brota de mis labios, y mis manos despeinan más mi cabello sintiendo que por fin vuelvo a ser yo. Lo mejor de la vida despeina. Una frase que en ese momento aparece por mi cabeza, y que no dudo en dejarla plasmada aquí. El viento lográ despeinarme un poco más, pero no me importa. Dejo que la naturaleza juegue conmigo. Mi espalda se acomoda mejor bajo el colchón de césped, y mi nariz no tarda en captar el olor a la tierra húmeda. Puedo escuchar el ruido de mi móvil sonar y lo único que hago es tomarlo y apagarlo. No quería conectarme con el mundo real. Todos los días eran lo mismo. Levantarse, sobrevivir y volver a dormir. Mis manos acarician mi frente, y mis ojos se cierran, intentando olvidar. Agarró el reproductor que esta a mi lado, y me colocó los audífonos para poder embriagarme con el jazz en mis oídos. Toda la mala emoción se aleja nuevamente de mi, dejando los vestigios que no tardarán en desaparecer por completo. La música es el territorio donde nada nos hace daño. Última frase que dejo antes de tirar el cuaderno al lado mío. Me siento libre. Soy Luxx. Soy Luz. Soy libre como ella. Siempre.

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Re: Απελπισμένοι Μεμορίας

Mensaje por Luxx A. Afrodakis el Vie Jul 13, 2012 1:04 pm

Hoy fue a tomar su vodka solo. Como siempre. No puedo negar que, a pesar de que sé casi todo de él, aún me resulta una persona enigmática. Misteriosa. Como si tuviera un aura a su alrededor. De esas que se llevan para toda la vida. Tenía pensando acostarme a dormir apenas llegará del trabajo, sin embargo, sigo aquí, sentada en el sillón y con la vista fija en el cuaderno y en la chimenea. De fondo puedo escuchar la atrapante música de Adele que embriaga de forma deleitosa mis canales auditivos. Y no puedo evitar pensar en él. De nuevo. Puedo sentir la pequeña sonrisa que curva mis labios, pero que pronto desaparece al darme cuenta de lo idiota que parezco. Pero tenía que admitir que aquel día lo había estado esperando. Como siempre. La primera rutina que tanto quería que se repitiera. Siempre había sido una persona orgullosa, de esas que se negaban a admitir lo que sentían en su interior y que preferían guardarla tras una máscara, una coraza. Irrompible. Lo había sabido mantener perfectamente, casi de forma envidiable. Hasta que llegó por primera vez. Y pidió un vodka solo.

Creo que fue en ese momento en que me vi atrapada por primera vez. Sus ojos denotaban cansancio. Sufrimiento. Poseía una máscara parecida a la mía, con la diferencia de que él había pasado peores situaciones que yo. Algo normal. En 8 años de diferencia pueden pasar muchas cosas. Demasiadas. De pronto me vi a mi misma, oyendo mi corazón latir casi desbocado, y mis movimientos, expertos en el área de la barra, se vieron entorpecidos, sintiendo sus claros y profundos ojos sobre mi nuca. Aún puedo acordarme de las millones de maldiciones que le había lanzado a él, y... a mi. Mi mundo no era ordenado. De por sí, ya era un completo caos debido a todos los problemas que afrontaba en el Velvet. Y cuando creía que ya nada podía pasar, aparece ese desgraciado adorable sujeto, dispuesto a dar vuelta mi mundo en 180°. Gran parte de mi máscara se desmoronó la primera noche en que se embriago y comenzó a contarme toda su historia. La muerte de sus padres. De su esposa. Hago un parate, solo para dejar el bolígrafo sobre el cuaderno y apretar mis sienes. Mucho sufrimiento. Demasiado para un ser humano.

Lo deje entrar a mi vida. Algo que me había prohibido a mi misma. Algo que ningún bartender hacía. Permití abrirme a él, y contarle mis cosas. Cada una de ellas. Así fue como me enteré que era un profesor de Historia. Y de que nos gustaba las misma cosas. Menos el vodka solo. Había planteado que cuando las cosas comenzaran a salirse de las manos, iba a poner un límite. Pero de solo pensarlo sufría de manera casi... preocupante. ¿Cuándo había sufrido por una persona que no fuese parte de mi familia? Nunca. Era y es todo nuevo para mi. El jodido Cupido había echo de las suyas, y casi me lo podía imaginar al lado de su Psique, muriéndose de risa por verme a mi darme la cabeza contra la pared. Porque existía una realidad. Una jodida realidad que aún en este cuaderno me cuesta escribir. No deseaba poner límites. Y ahora tenía que afrontar las putas consecuencias.

Lo quería. Maldición, quería ( y con locura ) a ese moreno que con solo mirarme y sonreírme me había echo bajar las guardias. Que con su encanto innato y la forma en que confiaba en mi persona había logrado que la coraza se rompiera en un abrir y cerrar de ojos. Åke, Åke, Åke. Deseaba cuidarlo. Sanarlo de todas aquellas heridas que había sufrido de forma tan cruel. Quería abrazarlo, demostrarle que no iba a estar solo nunca, verlo reír con sus ojos limpios sin dolor alguno. Que siempre iba a estar a su lado. Siendo su amiga, su amante, su confidente. Porque de eso se trataba el jodido amor. De ser lo que, la persona que quería, necesitaba. Yo sé que nunca podre ser como ella.. Otro parate. Adele con su voz tan envidiable comienza a entonar los primeros cánticos de "Someone Like You". Visto desde una perspectiva media especial, la situación era casi irónica. Me río con un poco de gracia, limpiando mis lágrimas y retomando esto. Siempre estaría a su lado. Lo tenía decidido. Desde el primer día en que había cruzado el umbral del Velvet para pedirle un vodka solo. Miro el reloj, y para mi sorpresa veo que ya son las 5 de la mañana. ¿En qué momento había pasado tan rápido el tiempo? Hora de dormir. Lo bueno es que mañana podría dormir hasta pasada el mediodía. ¡Vacaciones! (:-
Lo bueno de este cuaderno es que puedo demostrarme tal cual soy. Así que no sentiré mucha vergüenza en decir: Voy a soñar con él, con sus perros "cometobillos"...
... Y claro. Con su vodka solo.

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Re: Απελπισμένοι Μεμορίας

Mensaje por Luxx A. Afrodakis el Miér Ago 01, 2012 6:29 pm

Creo que puedo tener la seguridad de transmitir mis miedos e inseguridades en este cuaderno de espirales. Más que nada porque sé que seré la única que leerá esto, y porque además es el único medio en el cual puedo descargarme y canalizar mis iras, frustraciones, temores, etc. Es bueno tenerlo. En mi opinión, todo el mundo, alguna vez en su vida, ha sentido la gran necesidad de encontrar su refugio, aquel lugar en donde nadie puede hacernos daño, donde podemos ser nosotros mismos sin el medio a ser juzgados ni nada por el estilo. Eso es lo que pienso de mi cuaderno. De mi diario de supervivencia. De estás memorias que quedarán y que seguramente serán leídas por mi en un futuro para recordar todo lo que sentía, rememorar aquellos acontecimientos que marcaron mi vida para siempre. Un campo, una libertad, un amor, un... ¿temor?. Me detengo en ese instante y miró alrededor, observando mi departamento, mi soledad, y luego de suspirar largamente sigo escribiendo. Sí. Temor. Y uno grande.

Dante Bennet. Para mí, antes solo era un nombre. Y ese nombre llevaba un rostro. Y una personalidad. Y una historia de vida. Cómo todos los habitantes de la tierra. Alguien que podría haber pasado desapercibida en mi vida. Alguien que fuese únicamente un número más en esta gran Helsinki. Pero no. El jodido destino de mierda decidió cruzarnos. Y de la peor forma. Él se enteró de algo que jamás tendría que haberse enterado. La única promesa que había tenido que hacer frente al director para tener la beca universitaria era mantener una buena imagen para que la carrera y la facultad siguiera teniendo una buena reputación y prestigio. Nada más. Pero ahora el tema era. ¿Qué imagen podía dar yo, cuando trabajaba en un cabaret como bartender? ¿Rodeada de todos los pecados capitales aumentados a la énesima potencia?. Pero lo había sabido ocultar bien. Había mantenido en secreto mi vida laboral, evitando disgustos por parte de las autoridades. Y lo estaba haciendo bien. Hasta que este maldito rubio ricachón apareció en mi vida. Para joderme.

Él lo descubrió todo. Me reconoció un noche que estaba en el bar y yo me encontraba trabajando. Una falla en lo que me pareció ser un brillante plan. Y en vez de comportarse como un buen chico, callarse la boca y seguir la vida normalmente como una ciudadano más de la capital, decidió CAGARSE EN MI PUTA EXISTENCIA (N. d. A: inserte aquí varios rayones con lapicera, dando a entender una gran furia por parte de la que escribe (?) y volver mi vida más imposible aún. Como si ya no tuviera suficientes problemas, tengo que sumar este, producto de un NIÑATO DE CUARTA que no sabe que tiene que callarse la boca. Humillación, bronca, impotencia, rabia... Siento un montón de cosas en este momento. Y más porque tengo que admitir que me tiene en sus PUTAS MANOS. Porque no le encontré un jodido punto débil con el cual defenderme. Esclava. ¿Puedes creer que me dijo que seré su esclava? ¿puedes creer que me esta extorsionando? ¿A mí? ¿Luxx Afrodakis? Hija de la jueza más importante y del médico más respetado de Atenas. Es increíble. I – N – C – R – E – Í – B – L - E ¿Y sabes que es lo peor? Que tengo miedo. Si. Tengo miedo.

Miedo de quedarme sin mi beca. Miedo de que mi intachable reputación en la universidad se viera manchada por eso. Miedo de que agregue esos detalles “escabrosos” de esos que agregó en su amenaza el día en que me encontró en los pasillos. Miedo de convertirme en una burla, de que me tomen por cualquier cosa. ¿Qué es lo que tengo que hacer ahora? Esperar. ¿Esperar a qué? Dicen que esperar es la forma más exquisita de torturar. ¿Eso es lo que quiere hacerme Dante? ¿Hacerme sufrir de esa manera? Sea lo que sea lo esta logrando. Pero llegará un día en que este peón en el que me he convertido se vuelva la reina del ajedrez. Y cuando llegué ese día lo haré pagar todas y cada unas de las cosas que me esta haciendo pasar en este momento. Porque no me conoce. No sabe, en verdad, quien soy. Es hora de tener paciencia y observar. Todos tenemos un talón de Aquiles. Y Dante Bennet no será la excepción de esa jodida regla.

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Re: Απελπισμένοι Μεμορίας

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